“…María estaba esperando su vuelo en la sala de espera de un gran aeropuerto. Como debía esperar un largo rato, decidió comprar un libro y un paquete de galletitas.
Se sentó en la sala y empezó a leer. Dejando un asiento en medio se sentó un hombre que abrió una revista y empezó a leer. María cogió una galleta del paquete que estaba en el asiento del medio, y seguido el hombre también cogió una. Ella se sintió indignada pero no dijo nada. Pensó: ¡Qué descarado!
Cada vez que María tomaba una nueva galleta el hombre cogía una también. La situación le indignaba tanto que no era capaz de concentrarse ni reaccionar. Cuando sólo quedaba una galleta pensó: ¿qué hará ahora este caradura? Acto seguido el hombre partió la última galleta por la mitad, cogió una mitad y dejó la otra para María.
¡Ah! ¡No!... ¡Aquello le pareció demasiado! ¡Se puso a bufar de la rabia! cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sector del embarque.
Cuando se sentó en el interior del avión, abrió el bolso para guardar su libro y para su sorpresa, allí estaba su paquete de galletitas... intacto, cerradito... ¡Sintió tanta vergüenza! Sólo entonces se dio cuenta de lo equivocada que estaba.
¡Había olvidado que sus galletitas estaban guardadas dentro de su bolso! El hombre había compartido las suyas sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado, y ya no había más tiempo ni posibilidades de explicar o pedir disculpas aunque sí para pensar sobre ello…”
¿Cuántas cosas no son exactamente como pensamos?
A pesar de estar seguros de ello...,
Estar seguro no es estar en lo cierto
A pesar de estar seguros de ello...,
Estar seguro no es estar en lo cierto
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