Cuando salgo de casa por las mañanas está todavía algo oscuro, pero al salir del metro, mientras voy subiendo las escaleras, empiezo a ver la luz de Madrid y, sin darme cuenta, se me pone una sonrisa en la boca. ¡Cómo me gusta la luz de esta ciudad!
Los primeros años, cuando volvía a Bilbao a pasar un fin de semana, navidad o parte de las vacaciones de verano, siempre había alguien que me preguntaba cómo llevaba vivir en una ciudad tan grande, si no echaba de menos Bilbao, si ya me había acostumbrado a tanto bullicio y a distancias tan grandes. Los más osados, incluso, me preguntaban cuándo iba a volver a Bilbao.
Al principio, estas preguntas no me chocaban e incluso, a veces, me planteaba qué hacía yo en Madrid, sobre todo cuando en diciembre de 2008 me quedé en paro y mi pareja se fue a vivir a otra ciudad. Hoy tengo la certeza de que me quedé en Madrid oyendo mi corazón y sin dejar espacio a la razón.
Desde hace 3 años mi situación laboral es muy dura -acorde con la crisis-, y mi estancia aquí este tiempo ha sido una carrera de obstáculos. Cada cierto tiempo me pregunto si no sería más fácil volver a Bilbao, y siempre Siento que no.
No se si es lo bien que suena MadriZ, el peJcao, mojar la porra del desayuno, descambiar las cosas, lo bien que se me dan los autobuses, que no me lo cojan- el teléfono-, hacer la siesta, etc., pero estoy muy unida al encanto y la magia de Madrid.
Y digo magia porque cuando me preguntan qué es lo que tanto me gusta, siento que no lo se explicar, que sólo lo puedo sentir.
¡Siento que Madrid me ha hechizado!
¡Siento que Madrid me ha hechizado!
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