jueves, 9 de febrero de 2012

¿Quién soy yo?

Hace unos días estuve en un taller de Meditación, y en uno de los ejercicios me pidieron que explicase a la persona que tenía al lado quién soy yo.  Sentí una sonrisa interna al oír cómo explicaban el ejercicio, porque anteriormente había tenido contacto con él.

Curiosamente, en una sesión de los talleres de psicología que desarrollo en la asociación en la que trabajo, hace unos meses pedí a las participantes que escribieran sobre la misma pregunta: ¿quién soy yo?

Este es un ejercicio que he utilizado muchas veces en cursos y talleres, y siempre me he quedado sorprendida de lo que nos cuesta explicar quienes somos.

Así, a primera vista, es una pregunta que no parece complicada, pero resulta que cuando intentas contestarla surge un bloqueo que te hace no saber qué decir.

Mi experiencia me ha ensañado que la mayoría de las personas nos definimos con respecto a los demás, todos somos “nuestro puesto de trabajo”, la madre de…, la hija de…, etc.

Me he encontrado con muchas respuestas del tipo: “Soy Teresa, madre de dos hijos y casada desde hace 25 años con un hombre estupendo. Mi vida ha estado llena de altibajos y me gustaría que toda mi familia fuera feliz y tuviéramos salud…”

Es poco habitual que una persona empiece hablando de sí misma, de sus sentimientos, emociones, cualidades, defectos, aptitudes, actitud, etc.

La mayoría de las personas centran su respuesta en cosas, hechos y personas ajenas a si mismas, y expresan sus deseos, aspiraciones o experiencias pasadas.

En una segunda parte del ejercicio suelo pedirles que vuelvan a escribir cosas sobre sí mismos -en primera persona y sin hacer referencia a los demás- y cuando después mezclamos las descripciones y las leemos sin saber a quién pertenecen, la sorpresa es que no son capaces de identificar quién es quién.

Finalmente les pido que escriban cada uno sobre una persona determinada del grupo y volvemos a mezclar las descripciones. En esta ocasión, la mayoría de las veces son capaces de identificar quién es la persona de la que se está hablando.

Es curioso cómo a pesar de pasar toda nuestra vida con nosotros mismos –al menos en presencia física- somos grandes desconocidos para nuestra autoconciencia.  

martes, 24 de enero de 2012

La Magia de MadriZ

El amor y la ilusión por empezar una nueva vida me trajeron a Madrid hace 6 años, y a pesar de que el amor se fue, esta ciudad me cautivó y sigo aquí.

Cuando salgo de casa por las mañanas está todavía algo oscuro, pero al salir del metro, mientras voy subiendo las escaleras, empiezo a ver la luz de Madrid y, sin darme cuenta, se me pone una sonrisa en la boca. ¡Cómo me gusta la luz de esta ciudad!

Los primeros años, cuando volvía a Bilbao a pasar un fin de semana, navidad o parte de las vacaciones de verano, siempre había alguien que me preguntaba cómo llevaba vivir en una ciudad tan grande, si no echaba de menos Bilbao, si ya me había acostumbrado a tanto bullicio y a distancias tan grandes. Los más osados, incluso, me preguntaban cuándo iba a volver a Bilbao.

Al principio, estas preguntas no me chocaban e incluso, a veces, me planteaba qué hacía yo en Madrid, sobre todo cuando en diciembre de 2008 me quedé en paro y mi pareja se fue a vivir a otra ciudad. Hoy tengo la certeza de que me quedé en Madrid oyendo mi corazón y sin dejar espacio a la razón.

Desde hace 3 años mi situación laboral es muy dura -acorde con la crisis-, y mi estancia aquí este tiempo ha sido una carrera de obstáculos. Cada cierto tiempo me pregunto si no sería más fácil volver a Bilbao, y siempre Siento que no.

No se si es lo bien que suena MadriZ, el peJcao, mojar la porra del desayuno, descambiar las cosas, lo bien que se me dan los autobuses, que no me lo cojan- el teléfono-, hacer la siesta, etc., pero estoy muy unida al encanto y la magia de Madrid.

Y digo magia porque cuando me preguntan qué es lo que tanto me gusta, siento que no lo se explicar, que sólo lo puedo sentir.

¡Siento que Madrid me ha hechizado!

lunes, 23 de enero de 2012

Una pequeña reflexión


“…María estaba esperando su vuelo en la sala de espera de un gran aeropuerto. Como debía esperar un largo rato, decidió comprar un libro y un paquete de galletitas.

Se sentó en la sala y empezó a leer. Dejando un asiento en medio se sentó un hombre que abrió una revista y empezó a leer. María cogió una galleta del paquete que estaba en el asiento del medio, y seguido el hombre también cogió una. Ella se sintió indignada pero no dijo nada. Pensó: ¡Qué descarado!

Cada vez que María tomaba una nueva galleta el hombre cogía una también. La situación le indignaba tanto que no era capaz de concentrarse ni reaccionar. Cuando sólo quedaba una galleta pensó: ¿qué hará ahora este caradura? Acto seguido el hombre partió la última galleta por la mitad, cogió una mitad y dejó la otra para María.

¡Ah! ¡No!... ¡Aquello le pareció demasiado! ¡Se puso a bufar de la rabia! cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sector del embarque.

Cuando se sentó en el interior del avión, abrió el bolso para guardar su libro y para su sorpresa, allí estaba su paquete de galletitas... intacto, cerradito... ¡Sintió tanta vergüenza! Sólo entonces se dio cuenta de lo equivocada que estaba.

¡Había olvidado que sus galletitas estaban guardadas dentro de su bolso! El hombre había compartido las suyas sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado, y ya no había más tiempo ni posibilidades de explicar o pedir disculpas aunque sí para pensar sobre ello…”

¿Cuántas cosas no son exactamente como pensamos?
A pesar de estar seguros de ello...,
Estar seguro no es estar en lo cierto

¡Feliz Año Nuevo!

El 23 de enero entramos el Año Nuevo Chino, también llamado el Festival de la Primavera.  Dejamos el año del Conejo para entrar en el año del Dragón.
En la mitología china el Dragón se asocia con la fuerza, la salud y la armonía. Se asocia también con un signo de buena suerte.

Pertenecen al signo del Dragón las personas nacidas en los años 1964, 1976, 1988, 2000, 2012, 2024…, previa y sucesivamente con una cadencia de doce años.

A los nacidos bajo este signo se les considera poderosos, y muy afortunados, de buen corazón, llenos de energía, vitalidad y fuerza, nobles, creativos, sociables y tolerantes. También son gente comprensiva y están repletos de vitalidad y fuerza.

Para los nacidos bajo este signo el Año Nuevo viene lleno de oportunidades.

domingo, 22 de enero de 2012

El Té, medicina preventiva


Cuenta una antigua leyenda china, que por el año 2700 a.C. el Emperador Chen-Nung, para prevenir las infecciones que traía el agua, ordenó hervir toda agua de consumo humano. Así fue como accidentalmente cuando estaba hirviendo su agua a la sombra de un árbol del té silvestre cuyas hojas se mecían dulcemente con la brisa, unas hojas cayeron en su olla. La curiosidad lo llevó a probar lo que sería la primera infusión de té, la cual le pareció refrescante y estimulante. Chen Nung introdujo así la costumbre de consumir té en su corte, costumbre que rápidamente se fue extendiendo a todo su pueblo.

Esta planta es originaria de China y su consumo empezó hace más de 3.000 años en el continente asiático. Existen más de 200 variedades de té, procedentes todas ellas del arbusto Camelia Sinensis y actualmente, después del agua es la bebida más consumida en el mundo.

A cada tipo de té se le atribuyen numerosas propiedades diferentes, que convierten esta infusión en una auténtica medicina preventiva. Entre la gran cantidad de clases que existen, las variedades más conocidas son el Té Verde, Té Rojo, Té Negro y Té Blanco. Todas ellas tienen propiedades antioxidantes, diuréticas y, por su alto contenido en flúor, anti-caries.

El Té Verde
Se utilizan sus hojas frescas, yemas y parte tierna del tallo. Se enrollan y se dejan secar a la sombra durante muy poco tiempo, para que no fermenten.

Se le atribuyen propiedades antioxidantes, diuréticas, de prevención del cáncer, regulador del intestino, protectoras del sistema inmunológico, broncodilatador, y vasodilatador, ayuda en la absorción de la vitamina C, y tiene un potente efecto anti-bacterial y anti-caries. Algunos estudios dicen también, que gracias a su contenido en epicatequina protege contra el Alzheimer y las demencias.

El Té Negro
Es el té que tomamos en infusión bajo el nombre de Earl Grey. Su proceso de elaboración se distingue del Té Verde en la forma de secar las hojas. Se extiende en habitaciones húmedas para que sus hojas fermenten.

Ayuda a la relajación de los vasos sanguíneos, ayuda a mantener la mente despierta –ya que es el que tiene mayor contenido de teína-, combate el dolor de cabeza, alivia la fatiga, combate la hipotensión, facilita la no oxidación del colesterol bueno y combate la formación de placas de ateroma, disminuye las bolsas de debajo de los ojos, y previene la enfermedad de Parkinson.

El Té Rojo
Se conoce con el nombre de Pu-Erh. Su proceso de elaboración consiste en un breve secado de sus hojas al aire libre para después pasar a un secado más prologado en una habitación cerrada. También se le llama Té post-fermentado.

Facilita la absorción de grasas, reduce el nivel de colesterol, desintoxica y depura el organismo, activa el metabolismo del hígado, estimula la secreción de las glándulas digestivas, refuerza el sistema inmunitario y previene las infecciones, actúa contra las arrugas, reduce los niveles de glucosa en sangre y tiene efecto antioxidante.

El Té Blanco
Esta variedad de Té es la más selecta por su escasa producción. Se utilizan las yemas nuevas de los brotes más jóvenes. Se recolectan antes de su apertura, se dejan marchitar para que se evapore su humedad natural y a continuación se desecan las hojas.

Se trata del antioxidante más potente de la naturaleza, tiene un alto poder contra el envejecimiento, es diurético, muy bajo en teína, rico en flúor por lo que previene la caries, aumenta la capacidad de concentración y memoria favorece la eliminación de grasas.

Sanar nuestro niño interno

Dentro de todos nosotros, independientemente de la edad que tengamos, vive nuestro niño interno, que representa la interiorización de nuestro bagaje de emociones y sentimientos acumulados desde el momento de nuestra concepción. El estado emocional de este niño determina nuestras emociones y sentimientos, nuestra forma de reaccionar, nuestros rasgos de personalidad y las experiencias que vivimos, atraemos o rechazamos en nuestra vida adulta.

En el momento del parto se produce nuestro primer shock emocional, al abandonar el espacio protector en el que hemos vivido durante 9 meses, para salir a un mundo extraño y amenazante. A partir de este momento nuestro cerebro es un gran procesador y almacén de todas nuestras vivencias y experiencias de vida, tanto sensorial como corporalmente.

En los primeros años de vida, nuestro cerebro límbico o emocional predomina sobre nuestra percepción lógica y se produce una apropiación intuitiva de los estados emocionales y afectivos de nuestros padres, hermanos y personas cercanas. Vamos grabando impresiones sensoriales en nuestra memoria cerebral y corporal, que son fundamentales en el desarrollo de nuestra identidad y nuestra personalidad. Sabemos lo que nos gusta y lo que nos disgusta, adquirimos nuestros hábitos, conformamos nuestra seguridad, nos llenamos de miedos, formamos nuestra autoestima, etc., y somos profundamente vulnerables a cualquier experiencia negativa que nos pueda dejar marcados.

Nos enfrentamos a situaciones que no comprendemos y que ejercen un impacto emocional intenso, que en ocasiones pueden llegar a dejarnos un trauma. Aunque no siempre recordamos los impactos emocionales conscientemente -porque quedan reprimidos en el inconsciente como una forma de evitar dolor y sufrimiento- nos producen bloqueos emocionales y energéticos que persisten en nosotros, afectando a nuestra vida adulta. Llevamos un niño herido en nuestro interior que determina nuestra forma de afrontar la vida adulta.

Nuestro niño interno está formado por todos los aspectos positivos, gratificantes y traumáticos que nos ha tocado vivir. Tiene una parte sana y una parte herida.

La parte sana aparece cuando estamos alegres, despreocupados y actuamos de forma espontánea, decimos lo que pensamos, damos y recibimos cariño, nos damos gustos, nos cuidamos y estamos presentes en el ahora, conscientes de lo que somos.

El niño herido aparece cuando actuamos de manera infantil e inmadura, cuando nos sentimos superados por el miedo, la rabia, la pena o el dolor, y actuamos en forma desproporcionada a las situaciones que vivimos. Nos descontrolamos, nos boicoteamos, nos acobardamos, y nos sentimos impotentes para controlar nuestra vida.

Nuestro niño herido nos hacer revivir los mismos sentimientos de vacío, amargura, tristeza, rencor, miedo, desconfianza, etc., que vivimos en nuestra infancia y quedaron reprimidos y bloqueados. Inconscientemente está presente y dirige nuestras emociones y nuestro comportamiento de la vida adulta.

Necesitamos reconciliarnos con él, despertarlo, sanarlo, mimarlo y darle su espacio para crecer y poder así volver a conectar con su ilusión, alegría, espontaneidad y risa.

Todos tenemos heridas emocionales que si no trabajamos nos condicionan constantemente, boicoteando nuestras relaciones, nuestro trabajo y nuestro bienestar.

El primer paso para poder reconciliarnos con nuestro niño interno es conocerlo y aceptarlo tal como es. De nada nos sirve rechazar los aspectos que no nos gustan de él, ya que lo herimos todavía más. A través de un proceso de auto-conocimiento y auto-descubrimiento podemos tomar consciencia de nuestras carencias -que son las causantes de nuestras tensiones y desequilibrios- y podemos aprender a conectar con nuestras emociones para poder dejar fluir nuestro yo, y comenzar nuestro proceso de crecimiento y desarrollo personal.